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2017

estables (principalmente con las autoridades locales y también con funcionarios que se consideran a sí

mismos como parte de la movilización social).

Lo interesante para este artículo es que se observa que algunas de las consecuencias políticas de la

conflictividad socio-territorial pueden considerarse –al menos hipotéticamente- como equivalentes a las

que producen los movimientos sociales. Ello nos lleva a discutir las nociones en uso y buscar aquella que

mejor se adapta el fenómeno en cuestión.

En el campo específico de las consecuencias de los movimientos sociales, normalmente se distingue

entre consecuencias internas y externas. La dimensión política está incorporada sólo entre las

consecuencias externas, lo cual se desprende de la consideración de los movimientos sociales como

“sujetos” actuando en un “entorno político” determinado. Al enfocarse en los conflictos socio-

territoriales es posible incorporar una dimensión de politización que incluye también los procesos

políticos que surgen en los territorios a consecuencia de los conflictos, donde resulta más difícil

distinguir entre lo interno y lo externo. Cuando se trata de cambios electorales o nuevos actores del

juego político local, la distinción resulta relativamente sencilla: un movimiento determinado se ve

asociado a la emergencia de nuevos líderes políticos, a la promoción de cambios en la composición de

los apoyos electorales o al surgimiento de un nuevo actor. Pero si el propio movimiento es el que se

convierte en un actor con influencia política, incluso en el ámbito nacional, la categoría se desdibuja un

tanto. Lo que está en juego aquí es la propia noción del sujeto de la acción. Donoso y Von Bülow (2017)

han puesto el énfasis en la diversidad interna de los movimientos, donde también se encuentran actores

institucionales, que ya no son sólo considerados como “entorno” u “opositores” a la dinámica del

movimiento.

Adicionalmente lo usual es que el análisis de las consecuencias políticas se limite a la institucionalidad y

las políticas públicas (Giugni, Bosi & Uba, 2013). En relación a esta última dimensión los conflictos

locales pueden contribuir a impactar en una dimensión local de la política, que no necesariamente se

proyecta en el ámbito de la política nacional de modo directo. Como veremos, cuando se trata de los

resultados, las escalas y los niveles se entrecruzan, sin necesariamente evolucionar de la misma manera

en las diferentes escalas.

Por último, como es habitual, la base empírica de la literatura sobre consecuencias de los movimientos

sociales es principalmente Estados Unidos y Europa, con algunos ejemplos, especialmente en países

angloparlantes del sur. De manera que una contribución del análisis aquí propuesto es incorporar casos

y contextos latinoamericanos. De este modo entra en diálogo con trabajos muy recientes que abordan el

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