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2017

Bajo la denominación de

political outcomes of social movements

se ha desarrollado una literatura

académica relativamente reciente y ciertamente de menor desarrollo que la dedicada a los motivos de

surgimiento, dinámicas, actores,

framing

y repertorios de acción de los movimientos sociales (Amenta,

2014; Amenta et al., 2010; Bosi, Giugni & Uba, 2016; Kolb, 2005). Esta literatura está caracterizada por

varios aspectos, que a la vez establecen sus límites. En primer término su universo de referencia

principal son los llamados movimientos sociales. Aunque existen diversas conceptualizaciones de

movimientos sociales, la corriente principal (Tarrow, 2011) incorpora las dimensiones de interacción,

conflicto e identidad compartida. Se apunta siempre a identificar la constitución de un sujeto de la

acción colectiva que la sostiene y reproduce y a examinar las relaciones de ese sujeto con otros. Por ello

se estudia el “movimiento feminista”, el “movimiento estudiantil”, el “movimiento antiglobalización”,

etc. De tal manera que o bien se trata de categorías sociales que irrumpen en el panorama de la acción

colectiva constituyendo nuevos sujetos de acción colectiva, anteriormente invisibilizados o

desarticulados, o bien de “causas” que unifican a los diversos componentes del movimiento.

En el tipo de conflictos que este artículo trata, en cambio, estamos en presencia de conflictos cuyo

origen es territorialmente muy diverso, en base a causas muy específicas, y por tanto en principio son

dinámicas fragmentadas una de otra, que no necesariamente se estructuran como movimientos sociales

en sentido tradicional, aunque eventualmente comparten algunas de sus características. Así, por

ejemplo, Silva (2016) analiza el impacto de la Campaña “Patagonia sin Represas” en la región de Aysén

en el sur de Chile, con algunos instrumentos de la teoría de movimientos sociales, utilizados en conjunto

con otros instrumentos provenientes de la ecología política. Pérez (2012) analiza a su vez el

“movimiento social de Aysén”, para referirse al período de movilizaciones de febrero de 2012, lo que

corresponde más bien a una etapa de manifestaciones masivas en el desarrollo de un conflicto de mayor

duración. Un conflicto que se relaciona con la campaña mencionada y que a la vez es más amplio que

ella, originando sus propios resultados. Panfichi y Coronel (2011) analizan los “conflictos hídricos” en el

Perú, distinguiendo aquellos que se acercan más específicamente a la categoría de movimiento social.

Penaglia, Valenzuela y Basaure (2016) categorizan las diferentes orientaciones de los movimientos

regionalistas en Chile, buscando patrones de convergencia y a la vez de diferenciación entre ellos.

Asumiendo la diversidad de origen y conformación, preferimos mantener la denominación de conflictos

socio-territoriales, que entendemos primariamente conformados por redes asimétricas de actores,

algunos de los cuales se constituyen en torno al conflicto mismo, redes normalmente conformadas de

acuerdo a una geometría variable, que incluye en ocasiones vínculos institucionales más o menos

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