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2017
agendas, lo cual no siempre coincide con las orientaciones de los actores locales del conflicto. En estos
casos el fortalecimiento organizacional y de las redes no es sustentable.
Donde se advierten cambios, a partir de los estudios de caso, es en los marcos interpretativos (
framing)
que van adoptando los actores respecto de estos conflictos, que no se limita ya exclusivamente al
problema específico que originó el conflicto, que puede resolverse con alguna compensación concreta.
Como los conflictos son diferentes entre sí, no se trata de un marco idéntico para todos, pero van
surgiendo críticas al modelo extractivo, normalmente en nombre de la defensa de los derechos
humanos y la vida, frente a un modelo productivo centrado exclusivamente en la obtención de
ganancias y la sobreexplotación de los recursos. En el caso de los conflictos en torno al agua, por
ejemplo, este
framing
difiere sensiblemente de uno delimitado exclusivamente por la posesión de un
recurso escaso (Yacoub, Duarte & Boelens, 2015). El marco interpretativo que va surgiendo indica un
discurso mucho más universalista y eventualmente interpelador para otros sectores no directamente
afectados, lo cual es un componente relevante para la politización de estos movimientos. Desde los
ecologistas de clase media proclives a estilos de vida “alternativos” a pequeños productores susceptibles
de sufrir el mismo tipo de problemas y sectores de la Iglesia Católica interesados en propuestas
socialmente inclusivas y que limiten el poder del dinero como factor de organización social
. 17Kunrath,
Coutinho y Mazzilli (2017) han expuesto las variantes que pueden producirse a partir de un framing
compartido, a partir de las distinciones elaboradas inicialmente por Goffman y retomadas por los
trabajos de David Snow que las aplican a los movimientos sociales. Es importante considerar que para
estos autores, estas variantes no responden exclusivamente a decisiones estratégicas de los actores,
como tendían a plantear tanto las teorías de movilización de recursos como las del proceso político.
Algo similar sucede con conflictos en los que se defiende un determinado territorio en nombre del
“patrimonio natural” que el este representa, frente a las iniciativas de inversión y utilización productiva
del mismo. Es decir se rechaza su intervención no por alguna consecuencia o externalidad negativa, sino
por su valor simbólico, paisajístico o de aporte a la biodiversidad. En los casos donde hay participación
de comunidades indígenas se verifica allí una confluencia entre las reivindicaciones territoriales de los
indígenas y las orientaciones de los grupos ambientalistas, dando origen a coaliciones más amplias, por
la naturaleza de los motivos que los movilizan (Delamaza, Maillet y Martínez, 2017).
17
En Perú el discurso de defensa de la vida y los derechos ha sido recogido por sectores católicos con influencias de la teología
de la liberación; en Chile el obispo Luis Infanti de la región de Aysén ha desarrollado una verdadera pastoral del agua,
convirtiéndose en protagonista del conflicto en Aysén. Para un análisis más amplio del papel de los centros jesuitas en estas
materias, ver Coronado (2016).
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